viernes, 12 de octubre de 2018

Gene Brown, la exaltaciòn del color...!

Existen seres cuya capacidad de mirar y trasmitir lo observado, pasa por una paleta de colores que transforma  y magnifica la realidad, alejándolos de la monotonìa.
Es el caso de Gene Brown, pintor norteamericano, cuyo cromatismo rompe lo establecido y logra atraernos hacia esos paisajes coloridos hasta el paroxismo, en que vegetación y animales son transformados en especies nuevas que reclaman la legitimidad de su existencia.




Este pintor nacido en el bellìsimo estado de Oregòn, realizò sus estudios de arte en California, obteniendo su tìtulo de Artista Publicitario en 1960. Desde allí se trasladò a San Francisco y en 1962 se instaló en Dallas en donde trabajò en agencias de publicidad y en estudios de arte hasta los años setenta.
El diseño era su pasiòn y por esos años fue que funda su propia empresa de diseño gráfico con enorme éxito.
Es tambièn en esos años en que decide dedicar más tiempo a otra de sus pasiones, la pintura. Sus obras son bien apreciadas en colecciones privadas y corporativas como la Corporaciòn MacDonald, la Southern Pacific Railroad y otras tanto en su pais como en el exterior.
De todos modos, son sus obras por sì mismas, las que hablan un idioma universal en un territorio pictòrico en que no existen figuras humanas y es la Naturaleza, subliminada y fantástica, la que ocupa toda la superficie de sus cuadros y la que logra atrapar al observador con el trazo de un pincel que no conoce los grises.

Sigamos disfrutando la pintura de Gene Brown...!













Daniel K. Tennant, la belleza de "las cosas"...

No hay duda de que las cosas tienen un lugar en nuestras vidas, los objetos con que poblamos nuestro habitat, desde nuestro hogar hasta el lugar habitual de trabajo, forman un universo que, de alguna manera, nos identifica. 
Cada cosa que consideramos nuestra adquiere el valor que le atribuimos, desde el utilitario hasta el estético, pasando por toda una gama de caracterìsticas que las identifican y realzan ante nuestra consideraciòn  y ante nuestros ojos.
Mucho se ha escrito sobre "las cosas", desde lo ontológico hasta lo meramente utilitario, se han detenido a considerar los objetos desde el material en que están hechos hasta el uso para el que han sido destinados.
Pero cuando un artista los considera desde su inspiraciòn y los plasma segùn sus medios expresivos, los objetos, las cosas parecen entronizarse y revestirse de un caracter que las desprende de su realidad y las eleva a un universo en que la Belleza es la que impera y dicta su nueva funciòn de ser.
Un escritor dirìa sobre ellas,  al considerarlas desde ese otro lugar en que florece lo estético, algo como lo expresado por Jorge Luis Borges, en este poema que ha sido un hallazgo:

"El bastòn, las monedas, el llavero, 
la dòcil cerradura, las tardìas
notas que no leerán los pocos dìas
que me quedan, los naipes y el tablero,
un libro y en sus páginas la ajada
violeta, monumento de una tarde
sin duda inolvidable y ya olvidada, 
el rojo espejo occidental en que arde
una ilusoria aurora. Cuàntas cosas,
láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos, 
ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido."

Borges utiliza la imagen de las cosas para destacar  la inexcrutable fugacidad y fragilidad de la vida humana, ellas "durarán más allá de nuestro olvido; no sabrán nunca que nos hemos ido"... Este magnìfico poema ha hecho de "las cosas"un referente indiferente y pasivo de su propia efìmera existencia.

Pero vamos a conocer a un pintor que hace de las cosas y de su reuniòn premeditada, un estìmulo para la creaciòn de una  realidad en que adquieren un nuevo valor, desprendido de su original utilidad.  Hablamos de Daniel K. Tennant, pintor norteamericano considerado uno de los artistas más destacados en el uso de "gouache" hoy en dìa.
El gouache es una pintura al agua, hecha con pigmento molido fino y cuyo agente aglutinante es la goma arábiga, que tiene la particularidad de eliminar las limitaciones de las acuarelas transparentes al momento de aplicar pintura clara sobre oscura, para lograr cuadros con colores más sòlidos y manejarse con acierto en las transparencias y brillos de la obra final.-


La minuciosidad y maestria de Tennant al momento de presentarnos sus objetos es realmente asombrosa. La técnica que emplea junto a los materiales empleados, le permite captar al detalle todos los razgos caracterìsticos  de lo pintado y provoca en el observador el deseo de tocar el cuadro para corroborar, al tacto, la dulce aspereza de las fresas, la turgencia de las granadas, la seda estampada del mantel sobre el que se reunen y destacan.


Cada objeto nos resulta nuevo, un perfecto desconocido que adquiere nueva identidad en la magia de la reuniòn con otros en caprichoso conjunto. Libros, botellas  y botellones, plantas desmayadas en viejas macetas, relojes que destacan sobre el perfecto diseño de una empapelada pared. La manta sobre la que se ubican nos animan a experimentar la calidez de su material y disfrutar de la belleza de su diseño.-





En este conjunto destacan los colores de los objetos, los matices y las texturas. Papel preponderante en Tennant es el perfecto uso de la luz sobre los elementos del cuadro, y desde la sombra de la copa de vino sobre la pared, y el brillo perfecto sobre la langosta, todo demuestra la minuciosidad del pintor al momento de reunir los objetos y decidir desde donde proyectará la fuente lumìnica para potenciar al máximo la expresiòn de realidad y vigencia de las cosas que pinta. 



El vidrio de variadas formas y colores, cada uno con su brillo particular, la superficie del mueble en que se apoyan, lustrada y lisa cual espejo en que se reflejan  y destacan.


El nivel de realidad de las frutas provocan nuestros sentidos, y el aroma de los duraznos y la dulzura àspera y jugosa de las fresas son una invitaciòn al disfrute sensorial más pleno. La composiciòn es perfecta, el equilibrio del conjunto se logra en la disposiciòn de cada uno de los elementos, logrando esa armonìa que es atributo de lo artìstico y lo bello.



Provoca admiraciòn extrema la belleza de este conjunto, cada objeto está realzado hasta la excelencia!  El brillo metálico de la plata, las frutas y sus texturas, los libros abiertos mostrando la intimidad de sus páginas, y los que - cerrados - cumplen su rol de soporte del resto.  Una menciòn aparte, el diseño de la tela sobre la que se apoyan, polícroma y de variados dibujos, se amalgama con los colores primarios de las naranjas, limones, cerezas y manzanas. Una exquisitez realmente!


Otro escenario, diferente y encantador.


Nuevamente el magistral uso de la luz, logrando dos planos bien diferenciados, en la transparencia de las botellas en la parte superior, y en la opacidad iluminada de los libros de la parte inferior del cuadro.


 En los elementos de este cuadro nos atrevemos a imaginar una personalidad que cuenta su historia, cada detalle nos está contando algo de alguien, de una persona que vistiò un uniforme, que empuñó un arma y disfrutò de las cuerdas de un banjo; alquien que estuvo en lugares lejanos y que ansiò regresar, contando cada minuto en su viejo reloj de cadena...



Es Tennant quien nos dice que siempre le ha gustado dibujar y pintar: "Nunca hubo ninguna duda de que mi vocaciòn en la vida era ser artista. Es un don otorgado por Dios que he tratado de cuidar y mejorar cada año. Mis pinturas son declaraciones acerda de las cosas que son importantes para mi. En esta era de tecnologìa avanzada y una vida de ritmo vertiginoso, es importante saber que hay lugares aùn tranquilos para ver y experimentar".
 Y continùa dicièndonos:  "Vivo en una zona tranquila y serena de mi pais, e intento capturar ese estado de ànimo en mi trabajo. Me encanta el realismo nìtido y detallado para mis cuadros. En cada obra trato de producir una pieza bien pintada y con caracter artìstico del  más alto nivel. He estado usando acuarelas opacas durante más de veinte años y cada año las aprecio más. Ellas son mi medio favorito."
Daniel K. Tennat








Daniel Merriam, soñando como los niños...

Me conectè inmediatamente con  las pinturas de Daniel Merriam y - confieso - sentì la sana envidia hacia aquel que ha logrado algo que me hubiera encantado hacer:  trasmitir de manera visible, palpable, toda la fantasìa que acompañó mi niñez.  A medida que fui investigando algo más sobre él, comencé a percibir detrás de esos mundos fantásticos que crea en cada uno de sus cuadros, al niño que no quiere abandonarlo porque, indudablemente, se retroalimentan y sobreviven en una comuniòn que los hace reales a los dos, tanto al hombre como al chico que lo impulsa a ser lo que es.
Daniel Merriam naciò en una familia numerosa, uno entre siete hermanos, en 1963, en Maine, Estados Unidos. Desde pequeño tuvo natural inclinación hacia el arte, lo que fue fomentado por su familia, aunque orientado hacia el negocio familiar, una empresa de construcciòn. Llegado el momento, y en el intento de colaborar con ese negocio, ingresò al Instituto Técnico Profesional de Maine a estudiar diseño mecánico y arquitectònico.  Prontamente sus diseños arquitectònicos fueron merecedores de premios de renombre y el reconocimiento de Universidades como la de Nueva Inglaterra que le otorga un Máster honorario de Letras por la potencial contribuciòn social de su obra.
Mientras todo ésto sucedia, Daniel sentìa el llamado cada vez más fuerte e imperioso, de su verdadera vocación, la pintura.-  En 1986, ya instalado en las bellas artes, tuvo su primera y exitosa exposiciòn individual en Maine, y desde entonces ha expuesto en todo los Estados Unidos y en Europa con excelentes crìticas y elogios de sus cada vez más numerosos seguidores.  En 1998, la Editorial Monarch publicò "El Arte de Daniel Merriam, el Impulso de los Sueños" en donde se reunían diez años de trabajos en donde la fantasia y el mundo de los sueños tocaban alturas de exquisita expresiòn. Sus trabajos, hoy en dìa, forman parte de muchas colecciones particulares y en las pùblicas como el Museo de Arte de Riverside, en California y en otros muchos prestigiosos centros de la cultura norteamericana.

Comencemos conociendo estas maravillas arquitectònicas que sòlo en sueños pueden existir, pero que son sustentados con tanta precisiòn y detalle, que nos quedamos pensando si no será posible construirlos realmente.






Observemos cada obra con suma atenciòn, recorriendo con nuestra mirada cada cm de la superficie pintada porque, les aseguro que en cada rincòn de ese cuadro existe una sorpresa, un elemento que encontrará eco en algùn punto de vuestros recuerdos, de vuestra imaginaciòn infantil. 





Pero dejemos que sea el propio Daniel Merriam que nos hable de su proceso creativo:"Soy un soñador. Tomo todo lo que veo y dejo que mi imaginaciòn vuele como quiera. Despues de haber practicado esta habilidad desde mis años de niño, he logrado desarrolla runa imaginaciòn muy lùcida. Fue  natural el que eligiera la pintura para interactuar con estas visiones fantásticas. Yo sueño con cosas que son remotamente posibles, mantenièndolas al alcance de la realidad. Compongo mis creaciones primero en mi caabeza, y luego uso mi habilidad como pintor para concretarlas en el cuadro. Tengo sinfonias  sonando en mis oidos, tengo un circo de tres pistas en mi mente. Golpeo candelabros y camino por el techo. Todo lo imagino porque me lo permito, y mi arte es principalmente el resultado de este comportamiento"...





















"Colectivamente estas aventuras en otros mundos implican un proceso selectivo y de perfeccionamiento de la visiòn estética permanente, para hacerlos cada vez más agradables y poderlos compartir..."







"Desde que era un niño, la vitalidad de la Vida me ha llegado en oleadas de emociones..."






"Mi naturaleza eròtica se aferrò a mis sueños , dejándome vulnerable, haciendo equilibrio entre la sensualidad y la verguenza..."









"Mi deseo era ver y tocar, abrazando la textura de lo que veìa y de todo lo que me rodeaba. Estos sentimientos, de inocente vanidad, se han convertido en una parte integral de lo que soy"...






 La infancia de Daniel está reflejada en estas imágenes, una infancia en que se fomentò su creatividad, en donde tuvo a la mano todos los elementos que apoyan esos procesos que posteriormente, cuando joven, se traducen en expresiones artìsticas novedosas y de gran valor.
Quisiera compartir todas las imagenes que he encontrado de Daniel, pero los invito a que  sean Uds quienes busquen estos mundos encantados, de peces que vuelan, de castillos en los árboles, de mujeres aladas que cabalgan sobre caballitos de mar, de monos relojeros que tocan el piano o el violìn  y de gatos que aguardan pacientes un desayuno que vuela ante sus ojos...
Es un mundo maravilloso y el permitirnos vagabundear por sus senderos, seguramente éstos nos llevarán a aquel lugar secreto en que guardamos nuestra niñez...